La mariquita que no quería comer

Me horrorizan los niños drogados ante las pantallas y los padres y madres  que lo defienden a capa y espada.

A tempranas edades aún más.

Niños y niñas sedados, dormidos a la vida y el descubrimiento, desde la más tierna infancia. Terrible.

Dejad que griten y salten, que corran, tropiecen y caigan. Permitidles ensuciarse hacer ruidos, en sitios públicos. Insistiendo aprenderán los buenos modales. Como todos lo hicimos, poco a poco, a nuestro ritmo, pero mantened sus ojos abiertos, siempre abiertos al mundo.

Con esas premisas eduqué a mis hijos.

Lo más mundano, alimentarles, puede convertirse desde la cuna en toda una maravillosa experiencia, riqueza de colores, olores, sabores y texturas. Todo ese mundo nuevo que se abre ante ellos, quisieran atraparlo, de modo que dejadles tocar la comida, mancharse, refregarse, oler, mordisquear, probar, chupar. 

Recuerdo a mis hijos así, envueltos en tomate, enterrados en macarrones, espolvoreados de nuez moscada y canela, dejándoles mezclar salsa tártara con crema de cacahuete y tinta de calamar. Usando esa amalgama de colores para pintar a dedo o pincel sobre la encimera de la cocina.

Les recuerdo felices, risueños, curiosos, inquietos.

Y siempre con el gusto por la comida. Saboreando cada nuevo plato con placer. Apenas me llegan los dedos de una mano para contar amigos y amigas pasados disfrutando de la variedad gastronómica como lo hacían ellos.

Hoy lasaña, mañana legumbre, pero después ensalada o verdura cocida. Y por qué no el sushi o el pescado crudo. También  marisco, algas o erizos de mar.

Ni más ni menos, solo en su justa medida.

A quien no vea la relación, permitan que os la sugiera:

Quién podría querer pensar en descubrir, calzándole la cuchara hasta los 4 años dentro de la boca, directa a un paladar que no paladea, frente a esa pantalla, ama y señora de todo.

Dándole el trabajo hecho, quién querría experimentar más.

Cerebros pequeños moldeándose al compás de la tecnología, así somos, así vivimos, ¿y dónde llegaremos?

APAGUEN LAS PANTALLAS

ATRÉVANSE A ROMPER BARRERAS

Pongan un poquito más de creatividad en sus vidas, por favor.

Verán entonces cómo sus pequeños ojos se abren. Y manténganlos así, por muchos años. Empiecen con un cuento.

Pero ¡ ojo !: DEBE SER INVENTADO…

Había una vez una mariquita que no quería comer…

Su mamá le daba bananas:

  • No!

Su mamá le daba naranjas:

  • No!

Su mamá le daba lechugas:

  • No!

Su mamá le daba pechugas:

  • No!

Su mamá le daba jamones:

  • No!

Su mamá le daba pulgones:

  • No!

Tan preocupada estaba la mamá que fue a ver al doctor saltamontes:

El doctor preparó los jarabes y por cada pata le dio una cucharada.

  • Puaj!

Vomitó

  • Baj!

Se lamentó

  • Buaa!

Lloró.

Esta mariquita necesita que, mientras come, se la entretenga con una muñequita.- Le decía Dña Hormiguita.

-Pues mi pulguita se entretiene con puzzles, una pieza en cada patita y de ese modo no se deja ni una cucharadita- Aconsejaba Dña Pulga.

Pues yo a mi bebé cigarrón le engaño con un avión. Lo hago volar hasta que abre la boca grande y se toma todo el biberón- Explicaba la Sra Cigarra.

Y a la mamá preocupada se le ocurrió la solución:

Había visto a Dña. Garrapata con un mágico aparato entre sus patas: El teléfono móvil era la mejor solución. Sus pequeñas garrapatas se quedaban como heladas, con las caritas congeladas mientras el móvil contaba cuentos o cantaba una canción. Y ni gota de leche se les quedaba en el tazón.

Así que Dña Mariquita se lo mostró a su pequeña hijita que se quedó tan impresionada que ya no andaba ni volaba. Solo babeaba y babeaba mientras miraba la pantalla.

A partir de ese día ya todo lo engullía, pero en realidad ni sentía la comida, solo estaba distraída y vivía como dormida.

La mariquita empezó a ponerse gordita, sus alas ya no se levantaban ni siquiera aleteaba, su intenso rojo perdió color, sus puntos negros se volvieron grises. Pobre mariquita atrapada frente a una pantalla.

Sus amigos vinieron un día a jugar y ella prefirió quedarse con su móvil. Parecía que hibernaba, pero no, solo babeaba frente a una pantalla. De modo que hablaron todos entre sí y decidieron despertarla.

La hormiguita le hizo cosquillitas

La pulga le picó

El escarabajo pelotero le dio un coscorrón

La lombriz se le retorció

El cigarrón le tiró el biberón

Y la luciérnaga la iluminó…

Todos unidos, todos sus amigos, la hicieron pensar, que es más divertido jugar que quedarse tirada frente a una pantalla. Así que desde ese día jugó un montón: corría y saltaba, trepaba y volaba, a veces reía  a veces lloraba. Disfrutó tanto que se cansó, le dio entonces hambre y su mamá le trajo un pulgón.

  • Mmmm qué rico está mamá, ¡yo quiero más!.

Desde que dejó el móvil,

Desde que apagó su pantalla,

Ya no andaba atontada.

Ahora jugaba con sus amigos y vivía más espabilada

Solo entonces, llego el hambre sola…

¡Y eso era más divertido que nada!

Salta, corre, JUEGA,

Trepa, vuela, JUEGA,

Brinca, ríe, JUEGA.

¡Y APAGA LA PANTALLA !.

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