MAMÁ, ¿Es verdad lo que cuentan sobre los Reyes Magos?

La idea de escribir nació en mi mente cuando mi hija de nueve años formuló con su habitual frescura, la gran pregunta:

  • “¿Es verdad eso que cuentan sobre los Reyes Magos?”.

Lo cuestionó un día, durante la comida. Sentados todos a la mesa, oímos su sentencia disfrazada de pregunta.

Su padre enmudeció. Yo entristecí. Y después de un silencio sin tiempo, ambos nos enredamos en un sinfín de argumentos de todos los colores por defender lo indefendible, pero algo había cambiado: ella ya estaba lejos de allí. La luz de sus ojos se había apagado.

Su hermano de siete años, sorprendido por la pregunta, abrió tanto la boca que se le salieron un buen puñado de garbanzos. Aquello provocó unas risas en la familia que distrajeron la conversación. Yo, sin embargo, no pude ya quitarme la pregunta de la cabeza.

A partir de ese día busqué MIL pruebas para mi niña: Mil intentos frustrados de alargar su ingenuidad de niña al menos un año más..

Y un buen día, empecé a escribir. A mi memoria vinieron entonces todos los momentos de cuento inventado junto a sus camas a lo largo de los años.

Los cuentos “a medida” siempre me han gustado, porque les arrancan risas en medio de la noche. O miedo. O curiosidad. O asombro… Y todo adornado con esos valores que todos buscamos para nuestros hijos.

No siempre tenemos el tiempo o la valentía de echar a volar nuestra creatividad. Hay quien piensa que algunos la tienen y otros, no. Como si fuera un don reservado a los privilegiados.

A todos aquellos que piensan así quiero gritarles con pasión que no: ¡ROTUNDAMENTE NO TE LO CREAS!.

Este espacio es mi particular forma de gritar.

TODOS TENEMOS LA CAPACIDAD PARA CREAR

Desde aquí reivindico la calidad de la historia inventada, le doy su derecho a tener vida propia, a ser inventada por cualquiera.

El punto de inflexión me lo trazaron los Reyes Magos.

Para la mayoría de nosotros existe un antes y un después a partir de la gran pregunta. Una línea temporal trazada en el aire. Y una vez traspasada trabajamos con empeño en la difícil tarea de convertirles en adultos. Y las noches de cuento junto a sus camas desaparecen, sin más.

Si alguien te pregunta cuál fue el último cuento que compartiste con tu hijo, no eres capaz de recordarlo. No te paras a pensar “hoy es el último día que me sentaré a su lado a contarle un cuento”.  Simplemente ocurre sin más. Y es en ese preciso momento cuando se desvanece el encanto de lo soñado.  Y se empieza a introducir al niño en otra etapa:

LA ETAPA DE «DEMOS SENTIDO A TODO»

Los adultos también fantaseamos, pero nos resulta preciso proporcionar un significado a esas fantasías: todo debe tener sentido en nuestro mundo imperfecto que luchamos a diario por convertir en perfecto. Forma parte de hacerse mayores.

Y ¡CUÁNTO NOS EMPEÑAMOS EN INCULCÁRSELO A ELLOS!.

El sentido que le otorgamos a nuestros sueños bien puede ser diversión o “evasión” de la realidad. No nos planteamos más, pero sí existe otro planteamiento: El de soñar para crear algo hermoso.

Entonces ¿por qué no dar un giro a todo? por qué no dejar que a partir de la gran pregunta: “¿Es verdad eso que cuentan sobre los Reyes Magos?” haya un “a continuación”.

Ninguna ruptura. Sólo un “A CONTINUACIÓN”.

Crea una historia que sea de ambos, solo de vosotros dos, juntos.

No permitas que la creen otros, no copies, no se lo entregues todo pensando.

No recapacites por él. No se lo des todo hecho.

Inventa para él primero y luego deja que él lo cree y se ejercite en el arte de  inventar para sí mismo.

Todos tenemos esa capacidad, solo que pocas veces pensamos que tenga utilidad. Yo creo que sí la tiene, para nuestros niños la tiene. Ellos, nuestros pequeños imitadores, capaces  de identificarse con sus modelos adultos. Serán capaces de utilizar tu talento creativo para seguirlo allá dónde lo lleves, para inspirarse en ti. Se mirarán en un espejo y ese espejo que eres tú, te devolverá tu reflejo convertido en niño. Y juntos podéis inventar historias que os hagan sentir vivos. Y algún día él hará lo mismo para sí  y para todos aquellos que elijan caminar a su lado.

No permitas que se hagan mayores, solo ayúdales a ser grandes.

SEAMOS GRANDES PARA ELLOS.

Cuéntales tu cuento inventado y estaréis empezando a hablar el mismo idioma. Pero no lo planifiques, empieza así: produciendo ideas desordenadas.

Siéntate, observa la cara del niño, mira en su vida y allí dentro verás el cuento, arropado, llamándote a gritos.

Sácalo de su alma que es la tuya, solo una palabra…

EMPIEZA…

CUENTA…

¡Y CONTEMPLA CÓMO TODO FLORECE!


¡ANÍMATE!. .. Porque tú le conoces mejor que nadie, no dejes que se lo cuenten otros. Búscalo dentro de ti. Allí tienes al niño que aún eres. Atrévete a crear, y a medida que lo hagas querrás más, y le verás acudir a ti, verás su cara y te contagiará.

Entonces sentirás que esto es adictivo, y con cada palabra retrocederás a tu infancia y mientras tú retrocedes, verás a tu hijo crecer.

¡ Y QUÉ FELICIDAD !

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