Érase una vez, dos hermanos llamados Ángela y Alejandro.
Un día salieron a jugar al jardín, de pronto oyeron a unos niños reír a carcajadas. Sintieron curiosidad por saber que ocurría. Cuando vieron que esos niños tiraban piedras a un árbol, y luego le daban patadas a algo que había caído de él. Se acercaron y vieron que se trataba de un búho. Los hermanos dijeron a esos niños que lo dejarán, que lo iban a matar. Los niños salieron corriendo, y los hermanos cogieron al búho y lo llevaron a casa.
Al entrar, su madre preocupada porque no los había visto en el jardín, les dijo:
-¿Dónde habéis ido? (Madre)
-Mamá hemos escuchado risas de niños y al acercarnos hemos visto como le daban patadas a un búho. (Ángela)
-¿Que habéis hecho con el búho? (Madre)
-Lo traemos para que lo cures (Alejandro)
-Por favor mamá…. (Ángela)
Lo curó y dejó que pasará la noche allí. Los hermanos llevaron al búho a su habitación y en una cajita pusieron al pequeño búho. A los días fue recuperándose, había llegado el momento de que volviera a su lugar.
-Tenéis que dejar al búho libre (Madre)
-No mamá, queremos tenerlo para siempre!!! – dijeron los hermanos al unísono-
-No puede ser, tiene que ser libre y no vivir en una casa encerrado… Tengo una idea, dejaremos al búho en el árbol de casa, y así cada día lo veréis(Madre) Se irá para otro lugar… – dijo muy triste Alejandro.
Finalmente lo dejaron en el árbol. Los hermanos todas las noches, antes de irse a la cama, veían al búho a través de la ventana y las daban las buenas noches. Pasaban los días, los meses y el búho cada noche iba a aquel árbol. Llegó a tener una compañera y muchos búhitos.
Los niños vieron que habían ayudado a aquel pequeño búho, y por ello se sentían felices.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Teresa, 30 de Enero 2019
