No sé en que momento nos hicieron creer que no es bueno aburrirse.
Nos empeñamos en que hagan los deberes. Cuando terminan les pedimos un poco más, por aquello de reforzar.. Luego el inglés ¡es esencial!.. El profe particular, porque no se le dan bien las mates… Y ¿Qué hay del deporte? Claro, es que ya no lo practican de forma espontánea en la calle, así que mejor pagar las actividades deportivas y que les dirijan otros adultos, porque, obviamente, ellos no saben aún consensuar sus propias normas …
Tampoco juegan en la calle, claro, es peligroso…
Llenemos, pues, su tiempo de ocio con mil extraescolares: el ajedrez, la robótica, la danza, el chino (¡por supuesto!, hay que hacerles bien competitivos desde pequeños, porque el que no hable chino la lleva clara… ¿y quién dice que no se divierten estudiando chino?…)
Y cuando ya han terminado todo, apenas con el tiempo límite para ducharse y cenar les reprochamos: «¡Hay que ver! ¡Ya nunca juegas!.
Es ironía, porque, claro, todo esto ya sabemos que no es lo mejor para nuestros hijos…. Pero entonces …
¿ POR QUÉ SEGUIMOS IGUAL ?
Este post no es más que un espacio para concedernos una reflexión sobre el tema.
Porque, efectivamente, la gran mayoría de padres ya sabemos que a partir de esos momentos de distensión, en estado de calma, nuestra creatividad aflora. Ahora solo falta que tomemos conciencia de la importancia que tiene para nuestros hijos.
Para saber más: http://www.magazinedigital.com/historias/reportajes/una-infancia-cada-vez-mas-corta
