Imaginando Cerdanyola..

Nací un 11 de diciembre en Sta Coloma de Gramanet. Primera hija de ese par de andaluces locos que se fueran un día a Catalunya en busca de aventuras.

Nani

Y allí mismo se inventaron un mundo a medida: un  mundo construido de despertares a las 5 de la mañana.. de trayectos de dos horas en transporte público hasta el trabajo.. y otras tantas para volver a casa.. un mundo de esfuerzos de sol a sol por vivir una ciudad nueva, una nueva cultura casi antagónica a la que dejaban.. un mundo de buscar caras conocidas entre la multitud… un mundo sin familia con la que bailar, cantar y tocar las palmas.. pero con una nueva familia por crear.

A mis tres años, nos instalamos en Cerdanyola, un pueblecito emergente donde podías ver los hombres salir con sus mulas casi de madrugada para trabajar en el campo. Ese pueblo creció conmigo, y se instaló en mi corazón y allí vive hasta hoy mismo. Aún puedo oler esos campos y recorrer las huertas interminables en mi mente. Aún oigo la música de Gente del Pueblo sonando a disco rayado desde el salón. Y veo a mis padres cantándola con nostalgia. Nostalgia de una tierra que ya quedaba lejos, que les olvidaba a medida que crecía en ellos la añoranza.

Pero el tiempo todo lo cura y con los años aprendieron a reir en otra lengua, a adaptarse a los nuevos aromas, a cocinar como nadie las mongetes con butifarra y all-i-oli, los panellets.. ¡QUÉ DELICIA!. Y mi infancia se construyó así: hablando catalán en la escuela y andaluz en casa, forjando amistades charnegas o catalanas, la verdad es que eso daba igual, porque ¿sabéis qué nos queda a todas cuando 30 años después nos reunimos a recordar viejos tiempos? Nos queda el recuerdo de las tardes de parque inventando historias. En aquellas tardes sin tecnología, inventábamos historias que nos transportaban a lugares lejanos. Y ese camino lo recorríamos sin móviles, solo con nuestra imaginación.

Recuerdo que había una farola color verde en el jardín frente a mi portería. La llamaba “mi farola favorita”. Mi mejor pasatiempos era abrazarme a ella y dejar que la inspiración llegara. Yo era la encargada de inventar las tramas y a partir de ahí, dramatizábamos el resto.

Día tras día, año tras año…

Y es que en aquella época la infancia duraba más.. Y aún me dura, porque cada vez que me siento a escribir, la musa de mi hombro me susurra al oído que aún soy esa niña, que aún puedo inventar, porque estoy viva, porque estoy aquí. Aquí mismo.

A los 14 años emigramos a Sevilla. La nostalgia nunca se despegó del alma de mis padres, a pesar de todo. Y en tierras andaluzas, ya adolescente, también imaginaba: A menudo escribía cuentos sobre Cerdanyola. Aquella farola verde se vino conmigo. Me la traje en la mochila.  Me ayudaba a inventar. Y con su ayuda inventé una vida nueva.

Aún sueño con esa farola verde que me inspira. Ahora mismo, mientras escribo este post, la tengo aquí, a mi lado… iluminándome. Porque NUNCA he dejado de imaginar

5 Replies to “Imaginando Cerdanyola..”

  1. Me encanta el artículo y las fotos con tu madre… ya se de donde te viene la belleza… enhorabuena por el blog y por tener un moderador tan fantástico!!

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